El miedo, una cárcel invisible.

Muchas personas nos consultan sobre cómo ser feliz, o sobre cómo resolver determinado problema, cuestión que ha sido motivo de otros post, pero que no está ajena a estos malestares generales que nos aquejan en nuestra cotidianeidad.

Históricamente, muchas personas e instituciones han girado en torno a estas cuestiones y han erigido columnas de poder en torno a un conocimiento liberador que ellos poseen, capaz de proporcionar la facultad de liberar de los malestares existenciales, claro, siempre a cambio de aceptar ciertas normas a través de las cuales de algún modo quedamos dependiendo de otros. Estos “otros” son los intermediarios, a quienes introyectamos como modelo en nuestra estructura psíquica, como norma, y aquí señoras y señores es donde damos lugar al principal clivaje de nuestra personalidad. El referente en quien confiamos nuestra suerte, que puede ser una persona, filosofía o religión, se convierte en voz interior, “esto sí, esto no”.

Ser o no Ser… nadie que tenga miedo puede ser, por qué Ser implica enfrentar cada instante como si fuera nuevo, implica abrirse a la experiencia enfrentando la realidad y acobijándose en ella con sus MULTIPLES caminos y posibilidades. Claro esto solo es posible si no existen miedos que nos atormenten. Cuando se aceptan las “reglas de otros” como único camino a la liberación en realidad lo que estamos tomando es un camino único, arbitrario ya que la dualidad mental no permite aceptar algo distinto y mucho menos opuesto a lo que aceptamos como verdad, como camino, por lo tanto quedamos sometidos a una prisión que como toda prisión, quien se sale de las normas que allí existen, es penado cruelmente. Aquí entonces aparece una interrogante, ¿alguien puede salirse de las normas aceptadas?… existe una fuerza muy poderosa que evita que lo hagamos, El Miedo, en sus múltiples manifestaciones. ¿Existe un peor enemigo?.

¿La norma básica de la ética que postula: “mi libertad termina donde comienza la del otro” no alcanza para experimentar la existencia?…

Muchos pensaran “yo no sigo a nadie ni a ningún dogma, entonces ¿por qué si soy libre también tengo miedo?”…

Pero ¿Acaso en la infancia no existieron referentes quienes nos inculcaron sus normas? Por lo tanto, todos y cada uno de nosotros hasta no liberarnos de las normas de otros ¿no es lógico que carguemos con las limitaciones del miedo? Si, lo es… claro que es lógico.

Cada vez que nos enfrentamos a tomar una decisión, sea cual sea, desde la más simple a la más compleja, nos asaltan pensamientos que nos llevan a tomar decisiones, que en general son habituales en nosotros, por no decir ¡siempre!. Estas decisiones nos conducen a seguir la misma lógica de vida, el mismo camino que aunque creamos que es muy lineal, la realidad es que lo transformamos en un círculo donde al tomar siempre las mismas decisiones, pasamos siempre por los mismos “lugares” (experiencias), aunque los detestemos. ¿Entonces por qué lo hacemos? ¿Por qué elegimos seguir así?…

La pregunta que les hago estimados lectores es, ¿puede un niño de 3, 4, 5, 6 o 7 años tomar decisiones por nosotros siendo que somos adultos? Seguramente todos pensaron que no, y es muy lógico, pero yo les aseguro que sus decisiones las toman niños de esa edad. Esas edades que mencionamos son edades donde dependemos de los adultos, de “otros”, por lo que su influencia en nosotros es enorme y dado que estamos en esa edad construyendo nuestro aparato psíquico, el cual usaremos el resto de nuestras vidas, las normas que introyectemos a esas edades, sean implícitas o explicitas, estructuraran nuestra personalidad y por lo tanto se expresaran en nuestra conducta cotidianamente. Entonces si nos interesamos de niños en un ritual aborigen y le contamos al sacerdote del barrio o a la abuelita posiblemente nos hubieran dicho que nunca nos acerquemos a eso que es brujería, cosas del diablo y es algo muy malo, o si estábamos jugando con tierra porque queríamos hacer un jarrón de barro a los 4 años en el patio de casa y mama o papa o la abuela o cualquier referente nos veía y en vez de aprobar aquello, nos retaba por estar “sucios” con tierra, es lógico que en nuestra vida de adulto no queramos estar cerca de lugares con barro o ensuciarnos modelando arcilla, simplemente habrá una emoción de rechazo a eso y pensamientos de nuestra lógica mental que dirán “ensuciarse es feo” y cosas por el estilo por lo que uno, simplemente, ni siquiera lo intenta. ¿Saben quién toma esa decisión? Aquel niño de 4 años que estaba en el patio jugando con tierra y su mama se enojó al verla. Lo mismo pasa cuando se escuchan de niño frases como: “los ricos son malos” o “trabajar es feo” y cosas por el estilo, todo va dejando una norma dentro del niño, y más fuerte sea la conducta emocional del adulto que la expresa, mayor fuerza tendrá en nosotros.

De adultos ni siquiera lo sospechamos, pero así funcionan nuestras emociones y tendencias de pensamientos, y cuando queremos contradecirlas, aparece nuestro enemigo, “El Miedo”, ya que si contradecíamos aquello que el adulto o el referente decía, corríamos riesgo de que nos dañen o dejen de querernos, según la mirada del niño. Mayor carga emocional puso el adulto en la desaprobación de lo que estábamos haciendo o queriendo hacer, mayor es el rechazo a hacerlo en nuestra adultez ya que aquel miedo a que el adulto nos dañe o deje de amarnos sigue intacto en nuestro inconsciente sin que lo sepamos, por lo que el miedo sigue siendo el muro invisible que marca los “bordes” de nuestro camino.

¿Entonces qué hacemos?

Podemos concluir en base a lo antes dicho, que nuestros pensamientos asociados a emociones del pasado, son quienes toman nuestras decisiones, ya que al enfrentarnos a tomar una decisión lo hacemos en función a lo que consideramos mejor para nosotros, y eso se concluye en base a pensamientos asociados a emociones, o sea, a RECUERDOS, “tiempo”. Nuestros pensamientos son tiempo, pasado, y ese pasado decide por nosotros.

¿Tiene el pasado derecho a tomar nuestras decisiones actuales? ¿Pueden las conclusiones de un niño de entre 2 y 7 años servir como referente para tomar las decisiones de la vida adulta? ¿Alcanza nuestro instinto de conservación, y el respeto  a la libertad propia y ajena para tomar decisiones en el presente prescindiendo del pasado?

Podemos concluir de lo expuesto hasta aquí, que las normas del pasado en base a las cuales tomamos nuestras decisiones, fueron construidas en función al miedo que nos generó en ese pasado no obedecer, salirnos de los postulados del “otro”, (referentes familiares, sociales, filosóficos, religiosos etc.) ya que las consecuencias de salirnos o no acatarlos, eran el dolor y el desamparo.

Hoy eso que antes fue una consecuencia real (regaños, gritos, enojos, amenazas,etc) ahora es simbólica y opera dentro de nosotros como MIEDO, ya que a aquella niña, nadie la regañaría hoy en su vida adulta por jugar con barro, pero ella elije no hacerlo, existe un simbólico previo que la condiciona sin que ella lo sepa.

Volver a ser como niños, filosofía del perdón, vivir el instante, el aquí y ahora y conceptos aledaños de escuelas new age, corrientes psicoterapéuticas o filosofías sincretistas nos hacen referencia a esto, cortar la posibilidad al pasado de que tome decisiones por nosotros.

¿Cómo abrirnos a las múltiples posibilidades de la existencia? ¿Cómo ver aquellos caminos que están cerrados para nuestra visión estrecha? , ¿Cómo vivir nuestra existencia desde el cuerpo y no desde la mente que nos encierra entre el miedo del pasado y la ansiedad del futuro?

De esto estaremos tratando en nuestro próximo Post. Por ahora dejamos lo expuesto hasta aquí como material de reflexión para los alumnos del curso de terapeutas holísticos, cursos complementarios, y lectores interesados.

Hasta la próxima.

Academia Holística Logos.

www.academiaholistica.org

Curso de Terapeuta Holistico THL

Todos los temas del curso están subordinados al objetivo principal que es el de ubicar y remover creencias limitantes que estén generando síntomas negativos para la vida del consultante , DESDE PROBLEMAS FÍSICOS, ENFERMEDADES PSICOSOMATICAS, FOBIAS, ATAQUES DE PÁNICO, LIMITACIONES, TENDENCIAS NEGATIVAS, MALOS HÁBITOS Y CARENCIAS. LUEGO A TRAVÉS DE ACTOS PSICOMAGICOS SE SUBLIMAN Y SE RE PROGRAMA EL SUBCONSCIENTE EN BENEFICIO DEL CONSULTANTE.

El curso tiene un formato teórico y practico destacando el aspecto practico, ya que la parte teórica es la decantación de nuestra experiencia personal de años de estudio por lo que no se expone al estudiante a leer de mas sino a enfocar su potencial a la parte practica.

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Gurdjieff y la psicología oriental

 

Este extracto del tercer tomo del libro “Historias de Belcebú a su nieto” se refiere a la famosa metáfora de indentificar al ser humano con un carruaje, considerando el carruaje, el caballo, el conductor y el pasajero.

El hombre considerado como un todo, con sus distintas localizaciones funcionando separadamente, o mejor, con todas sus “personalidades” formadas y educadas independientemente unas de otras, ofrece una similitud casi perfecta con el carruaje destinado al transporte de un pasajero, compuesto de un coche, de un caballo y de un cochero.Es preciso notar ante todo que la diferencia entre un verdadero hombre y un pseudo-hombre, es decir, entre el hombre que tiene su propio “Yo” y el que no lo tiene, se hace evidente, en esta comparación, por el pasajero sentado en el carruaje. En el primer caso, el del verdadero hombre, el pasajero es el amo; mientras que en el segundo, el pasajero no es sino el primer transeúnte que llega, quien, como el cliente de un “coche-taxi”, cambia a cada momento.El cuerpo físico del hombre, con todas sus manifestaciones reflejomotrices, corresponde simplemente al carruaje mismo; el conjunto del funcionamiento y de las manifestaciones del sentimiento corresponde al caballo uncido al carruaje, y del cual tira; en cuanto al cochero en su asiento, quien conduce al caballo, éste representa lo que llaman comúnmente el consciente o el pensar; finalmente, el pasajero sentado en el carruaje, y que da órdenes al cochero, es lo que se llama el “Yo”.Toda la desgracia de los hombres contemporáneos se debe esencialmente al hecho de que como consecuencia de los métodos de educación anormales infligidos por todas partes a la generación joven, la cuarta personalidad, que debería estar presente en todo hombre que ha llegado a la edad responsable, les falta por completo; y casi todas contienen únicamente las tres primeras partes enumeradas, que además se han formado por sí solas, y de cualquier manera. En otras palabras, los hombres contemporáneos de edad responsable no representan nada más que un “coche-taxi”,. y ¡en qué estado! … un coche deteriorado, cuyos días felices ya se han ido … un viejo rocinante … y en el asiento, un cochero andrajoso, medio dormido, medio borracho. que pasa el tiempo, asignado por la Madre Naturaleza para el perfeccionamiento de sí, esperando en las esquinas de las calles, perdido en sueños fantásticos, a algún pasajero ocasional. El primer transeúnte que llega lo llama, lo alquila por hora, dispone de él a su antojo, y no solamente de él, sino de todas las partes del carruaje que le están subordinadas.Si proseguimos con esta comparación entre un hombre contemporáneo típico, con sus pensamientos, sus sentimientos, su cuerpo, y un coche-taxi con caballo y cochero, nos aparecerá claramente que en cada una de las partes que constituyen esos dos agregados han de formarse hábitos, necesidades y gustos netamente definidos, que no pertenecen sino a dicha parte. En efecto, conforme a su diversidad de origen, a las condiciones de su formación y a sus posibilidades particulares, han de constituirse en cada una de ellas su propio psiquismo, sus propias nociones, sus propias reglas subjetivas, sus propios puntos de vista, y así sucesivamente …El conjunto de las manifestaciones del pensar humano, con todas las inherencias propias de su funcionamiento y todas sus particularidades específicas, corresponde en casi todos sus aspectos a la esencia y a las manifestaciones de un típico cochero de plaza.

Es, como todos los cocheros de plaza en general, del tipo “Isidoro”. No es completamente iletrado, ya que la legislación de su país ha decretado la “instrucción pública obligatoria” y en su infancia tuvo que gastar de tiempo en tiempo el fondo de su pantalón en los bancos de la “escuela de hermanos de la parroquia”.
Aun cuando él mismo viene del campo y ha permanecido tan ignorante como sus compañeros que se quedaron en el pueblo, sin embargo, llamado por su profesión a rozarse con gente de nivel y educación diferentes, ha recogido de aquí y de allá toda una colección de expresiones que abarcan nociones variadas; y ahora mira desde sus alturas, con perfecto desdén, todo lo que viene del pueblo, rechazándolo con indignación como “obscurantismo”.
En resumen, es un tipo a quien se aplica perfectamente este adagio: “Corneja, corneja, pierdes tu tiempo, jamás serás un pavo real”.
Se considera a sí mismo competente, hasta en materia de religión, de política y de sociología. Con sus iguales, le gusta discutir; a aquellos que considera inferiores a él, los enseña; con sus superiores, se muestra adulador, servil; “se pone en cuatro patas ante ellos”.
Una de sus mayores debilidades es la de correr tras las mucamas y las cocineras del barrio, pero lo que le gusta por encima de todo, es, después de una gran cuchipanda, saborear una o dos copitas; luego de lo cual, plenamente saciado, medio amodorrado, sueña …
Para satisfacer sus debilidades, roba regularmente una parte del dinero que le ha confiado su amo para el forraje del caballo.
Como todo “mercenario”, nuestro Isidoro no anda sino a garrotazos, y si le da por hacer algo sin ser acosado, siempre es en espera de una propina.
Esa atracción de la propina lo ha llevado poco a poco a adivinar ciertas debilidades de la gente con quien trata, para sacar provecho de ellas, y automáticamente ha aprendido a valerse de artimañas, a adular, y a “untar vaselina”, en dos palabras, a mentir.
Tan pronto se presenta una ocasión y él tiene un momento libre, se cuela en un café o en un bar donde se queda horas soñando despierto ante un vaso de vino, conversando con un tipo de su especie, o bien leyendo el periódico.
Trata de tener aspecto imponente, lleva barba y, si es flaco, rellena su indumentaria a fin de parecer más importante.
En cuanto al centro del sentimiento, el conjunto de sus manifestaciones y el sistema entero de su funcionamiento corresponden de lo mejor al caballo del “coche-taxi”.
Esta comparación del caballo y de la organización del sentimiento humano nos permitirá además poner en evidencia el carácter erróneo y unilateral de la educación infligida hoy a la generación joven.
El caballo, como consecuencia de la negligencia de que dieron prueba todos los que lo rodearon desde su más tierna edad, y por el hecho de su constante soledad, se ha encerrado de cierto modo en sí mismo: en otras palabras, su “vida interior” se ha visto reprimida, y él ya no dispone, para sus manifestaciones exteriores, más que de la sola fuerza de inercia.
Debido a las anormales condiciones circundantes jamás ha recibido educación especial; ha crecido y se ha formado bajo la sola influencia de palizas brutales y de perpetuas vociferaciones.
Siempre lo han mantenido con trabas; y en cuanto a su alimento, a guisa de heno y de avena, nunca ha recibido más que paja, lo cual en nada corresponde a sus necesidades reales.
No habiendo percibido jamás en ninguna manifestación de quienes lo rodean, el menor signo de ternura o de amistad, el caballo está listo ahora a darse con todo su ser a quien le haga la menor caricia.
Tan es así que las tendencias del caballo, privado de toda aspiración y de todo interés, deben concentrarse inevitablemente en comer, beber y en una atracción automática por el otro sexo; por eso ronda siempre ahí donde puede satisfacerlas y si por casualidad divisa algún paraje donde una de sus necesidades ha sido satisfecha tan sólo una vez, aguarda el momento propicio para escapar hacia allá.
Hay que agregar además que, aun teniendo una comprensión muy débil de sus deberes, el cochero es, a pesar de todo, capaz de pensar, por lo menos un poco lógicamente, y teniendo en cuenta el mañana, buscar, por temor a perder su empleo, o con la esperanza de recibir una recompensa, hacer algo por su amo sin verse literalmente forzado a ello. Pero el caballo, falto de toda educación especial, adaptada a su naturaleza, no ha recibido en el tiempo requerido ningún dato que le permita manifestar las aspiraciones que exige una existencia responsable; por lo tanto no puede comprender, y no puede siquiera esperarse de él que comprenda, por qué debería él hacer algo. De modo que considera sus obligaciones con una total indiferencia y sólo trabaja por temor a una paliza suplementaria.
En cuanto al carruaje, que en nuestra analogía corresponde al cuerpo considerado aisladamente de las otras partes independientes de la presencia general del hombre, su situación es aún peor.
Ese carruaje, como todos los carruajes, está hecho de materiales diversos. Su construcción es de lo más complicada. Había sido destinado – lo cual parecerá evidente a todo hombre de juicio sano – al transporte de toda clase de carga, y no al uso que de él se hace hoy, es decir, sólo al transporte de clientes de paso.
La causa principal de los innumerables malentendidos de los que es víctima se debe al hecho de que había sido previsto para circular por los caminos vecinales, y a que los maestros carroceros habían dispuesto en consecuencia ciertos detalles interiores de su construcción.
Por ejemplo, el principio de engrase – que es una de las principales necesidades de un vehículo hecho de materiales múltiples – había sido concebido de tal manera que la grasa pudiera esparcirse por todas las piezas metálicas, bajo la sola acción de las sacudidas debidas a los tumbos inevitables en tales caminos. Pues bien, ese carruaje, destinado a pequeños caminos vecinales, se estaciona la mayor parte del tiempo en la ciudad, y cuando rueda, es por avenidas asfaltadas, planas como mesas de billar.
A falta de sacudidas, el engrase de todas las piezas ya no se hace uniformemente; de modo que algunas de ellas acaban por oxidarse y ¡dejas de cumplir la función que les había sido asignada.
Por regla general, un carruaje rueda bien mientras sus partes móviles están bien engrasadas. Cuando no lo están suficientemente, se recalientan y, al ponerse al rojo, dañan las piezas vecinas. Además, si hay exceso de grasa en alguna parte, la buena marcha del carruaje peligra. En uno u otro caso, se hace cada vez más difícil para el caballo tirar de él.
El cochero contemporáneo, nuestro “Isidoro”, ignora todo esto. No tiene la menor idea de esa necesidad de un engrase uniforme de su carruaje, e incluso si lo engrasa, lo hace sin verdadero conocimiento, de oídas, siguiendo ciegamente las sugerencias del primero que pasa.
Así que, cuando ese carruaje, ahora más o menos adaptado a carreteras planas, debe, por alguna razón, arriesgarse por un atajo, siempre le sucede algo: a veces es una tuerca que salta; otras es un perno que se tuerce – siempre hay una pieza que se descompone: y después de tales tentativas, el viaje raramente termina sin reparaciones más o menos considerables.
En todo caso, se ha vuelto hoy cada vez más peligroso usar ese carruaje para los fines a los que estaba destinado.
Si uno se pone a repararlo, hay que desmontar todo primero, examinar las piezas una por una, y como siempre en semejante caso, bancarias en petróleo para limpiarlas bien, antes de montarlas de nuevo. Además, muy a menudo, resulta urgente cambiar una pieza importante; todo esto no es grave si sólo se trata de una pieza económica, pero a veces sucede que la reparación cuesta más que la compra de un coche nuevo.
Pues bien, está claro que todo cuanto se ha dicho a propósito de las distintas partes cuyo ensamblaje constituye un “coche-taxi” se aplica exactamente a la organización general de la presencia del hombre.
Por la ausencia, entre nuestros contemporáneos, de todo conocimiento y de toda capacidad para preparar convenientemente a los adolescentes con miras a una existencia responsable, educando las diferentes partes que componen su presencia general, cada hombre parece hoy como algo verdaderamente absurdo y cómico en extremo, que presenta, volviendo a nuestro ejemplo, un cuadro como el siguiente:
Un carruaje último modelo, apenas salido de la fábrica, barnizado por auténticos carroceros alemanes de la ciudad de Barmen, y entre las varas, esa clase de caballo que llaman en el país de Trancaucasia un “dglozi-dzi”. (“Dzi” quiere decir: caballo; “Dgloz” era el nombre de cierto armenio, experto en el arte de comprar y desollar jamelgos.)
En el asiento de ese carruaje de gran estilo está un cochero somnoliento, mal afeitado, hirsuto, con una levita grasienta que ha recogido en el basurero donde la había tirado como un harapo, Menegilda la ayudante de cocina. En la cabeza reluce un nuevo y flamante sombrero de copa, réplica exacta del de Rockefeller, mientras en su solapa resplandece un enorme crisantemo.
Y el hombre contemporáneo ha de presentar inevitablemente ese aspecto bufón, pues desde el primer día de su aparición, esas tres partes formadas en él -las que a pesar de ser de origen diferente y poseer cada. una de ellas unas propiedades de calidad distinta, habrían debido, sin embargo, para servir a una meta única, desde la entrada del hombre en la existencia responsable, constituir por su conjunto mismo su “todo integral”- comienzan a “vivir aisladamente”, por así decir, y a fijarse cada una en manifestaciones específicas sin acostumbrarse nunca a prestarse mutuamente el soporte automático indispensable, ni a comprenderse unas a otras, aunque fuese de manera aproximada; así que, más tarde, cuando se requieren manifestaciones concertadas, éstas no pueden producirse.
Por cierto, gracias al “sistema de educación de la nueva generación”, ya sólidamente establecido en la vida del hombre – y cuyo único principio consiste en enseñar a los alumnos a repetir de memoria, hasta embrutecerlos completamente, una multitud de palabras y expresiones faltas de sentido, y a hacerles reconocer, por la sola diferencia de sonoridad, la realidad que estas palabras se supone significan- el cochero es todavía capaz de explicar mal que bien a aquellos que son de su mismo tipo, los deseos que él experimenta, y a veces de comprender un poco a sus semejantes.
Por su cháchara con los demás cocheros, mientras espera clientes, y por su “flirteo” repetido en el umbral de las puertas con las sirvientas del vecindario, nuestro Isidoro ha llegado a asimilar diversas formas del “savoir-vivre”.
Se ha adaptado igualmente a las condiciones exteriores de la vida de los cocheros en general; por ejemplo, se ha automatizado a distinguir una calle de otra y a encontrar frente a una vía interrumpida por causa de reparaciones, cualquier otro camino para llegar a la dirección solicitada.
¡Pero el caballo … Aún cuando es cierto que esa funesta invención contemporánea que llaman “educación” no se extiende hasta él -lo cual protege a sus facultades hereditarias de la atrofia- su formación se efectúa, sin embargo, en las condiciones anormales del proceso de existencia ordinaria; crece así olvidado de todos, como un huérfano, y por añadidura maltratado, sin adquirir nada que corresponda ni al psiquismo bien determinado de su cochero, ni a su saber, de modo que permanece completamente ignorante de las formas de las relaciones recíprocas vueltas habituales al cochero, y no se establece entre ellos en definitiva ningún contacto que les permita comprenderse.
A pesar de eso, puede que, en su vida encerrada, el caballo llegue a descubrir alguna forma de relación con su cochero, y hasta familiarizarse con algún “lenguaje”; pero por desgracia el cochero lo ignora y ni siquiera sospecha que eso sea posible.
Aparte el hecho de que, en esas condiciones anormales, no se constituye ningún dato entre el caballo y el cochero para permitirles, por poco que sea, comprenderse automáticamente, hay además muchas razones exteriores, independientes de ellos, que les arrebatan toda posibilidad de alcanzar juntos la meta única a la que fueron destinados.
En efecto, así como las diferentes partes independientes de un “coche-taxi” están ligadas entre sí, el coche al caballo por las varas y el caballo al cochero por las riendas, asimismo, todas las distintas partes de la organización general del hombre están ligadas entre sí, el cuerpo con la organización del sentimiento por la sangre, Y la organización del sentimiento con la del pensar por lo que se llama “ganbledzoin”, o sea por esa substancia que se constituye en la presencia general del hombre a partir de todos los esfuerzos eserales intencionalmente cumplidos.
El deplorable sistema de educación actual ha llevado a tal resultado que el cochero ha dejado de tener la más mínima influencia sobre su caballo; apenas si puede suscitar en el consciente del animal, por medio de las riendas, estas tres ideas: derecha, izquierda y alto.
Aunque eso no siempre es así, pues las riendas generalmente están hechas de materiales que reaccionan a todos los fenómenos atmosféricos: por ejemplo, bajo una lluvia torrencial, se hinchan y se alargan; cuando hace calor, sucede lo contrario; de modo que su acción sobre la sensibilidad automatizada de percepción del caballo es variable.
Lo mismo se produce en la organización general del hombre ordinario cuantas veces se modifica en él, bajo el efecto de una impresión cualquiera, lo que podría llamarse “la densidad y el ritmo del ganbledzoin”: su pensamiento pierde entonces toda posibilidad de acción sobre la organización del sentimiento.
Así pues, resumiendo todo cuanto acaba de decirse, debemos, querámoslo o no, reconocer que todo hombre debe esforzarse por tener su propio “Yo”; de otro modo, no será jamás sino un “coche-taxi” en el cual podrá tomar asiento cualquier pasajero, quien dispondrá de él a su antojo.

Solucionar un problema:

En primer lugar saber que el problema es el deseo mal orientado y no la situación en si, o sea, el deseo de un yo que se está apoderando de una carencia de recursos frente a lo real y nos inventa que las cosas tienen que ser arbitrariamente de tal o cual forma.
Lo primero es salir de la identificación con ese yo de turno, ir a lo de un amigo, dar un paseo, meditar o lo que nos “desconecte”.
Lo segundo es, una vez que dejamos de gravitar como una luna en torno a la situación problemática, observarla desde esta nueva perspectiva, desde lejos, ya que desde lejos (al no estar en ese momento identificados con eso) se ve más pequeña, al igual que cuando nos alejamos de una montaña.
En tercer lugar nos toca aceptarnos con nuestra realidad actual y las posibilidades reales de hoy, y enfocar nuestra potencia en lo posible, en nuestras posibilidades reales ya que cuando nos metemos en el camino neurótico de gravitar en la esfera de lo imposible, nuestra potencia queda tomada y nos caemos.
La esfera de lo posible es la que nos abre las puertas de lo real, que puede ser mucho mejor que lo “ideal”, ya que lo real es posible… y puede sorprendernos!
En este punto nos posicionamos en otro lugar, más parecido al lugar del sol, donde son los planetas quienes están subordinados a el, como son las posibilidades las que están subordinadas a quien vive en la esfera de lo posible.
Que la esfera de lo posible sea el hogar donde todos vivan protegidos, lejos de la frustración angustiante de lo imposible. Hoy más que nunca en un mundo donde quien no consume queda afuera, donde lo importante no es Ser sino tener, donde la impotencia es pan de cada día, volvamos a lo real, a lo esencial, a lo que verdaderamente tiene valor y que eso sea nuestro impulso y no satisfacer la demanda de un mundo al que no le interesamos.

Éxito para todospepe-pescador

Regresion: Angustia, desgano, estrenimiento, enfermedades psicosomáticas en general

 

Todo síntoma tiene una causa y muchas veces esa causa nos es desconocida, esta oculta en nuestro inconsciente, simplemente no la recordamos, y mientras esto suceda vamos a tener que lidiar con el síntoma, sea cual sea, porque esta ahí para avisarnos que hay algo no resuelto.

Mediante la terapia de regresión, podemos acceder a la causa que generó ese síntoma y eliminarlo de nuestra vida, porque descubro que ya no lo necesito, porque al recordar su origen, mi cuerpo entiende que ya no necesito sintomatizar en un problema o malestar físico, ya que sane por dentro.
Otro recurso es el de las Regresiones a vidas pasadas–
Una regresión de este tipo nos permite sanar antiguas heridas que hoy sin saberlo nos limitan en muchos aspectos de la vida, generando angustias, impotencia e incluso dolores, entre otras tantas cosas, sin que encontremos una causa aparente.

Una cosa es sentir amor y compartirlo y otra muy distinta es buscarlo Afuera y esperarlo de los demas.

El amor es algo nuestro que nunca nos abandona, somos nosotros los que por estar dolidos o decepcionados nos privamos de sentirlo creyendo que la culpa es del amor.

Los astros y nuestra psicología

Un poco de historia…

La Astrología es la ciencia que estudia los astros y su influencia en nosotros.
Esta ciencia data de tiempos inmemoriales, tanto las antiguas culturas precolombinas de América como los Asirios, Caldeos, Egipcios, Vedas, Griegos, Chinos, y Romanos entre otros fueron especialistas en Astrología, y organizaban su vida en torno a ella. Desde sus rituales hasta la concepción de su descendencia, pasando por siembras, cosechas y demás momentos y etapas importantes de estas culturas estaban regidas por la astrología.
Generalmente en estas culturas los astros y constelaciones representaban la parte física de sus dioses. Incluso los días de nuestra semana mantienen los nombres astrológicos que otrora en la antigua roma asignaron en base a la influencia que cada astro ejercía en ese momento cíclico particular que conocemos como semana. Lunes (Luna) Martes (Marte) Miércoles (Mercurio) Jueves (Júpiter) Viernes (Venus) Sábado (Saturno) Domingo (Sol).
A partir de la caída del imperio romano, medida que el tiempo paso, la Astrología fue perdiendo importancia ya que era una ciencia pagana. Quienes eran eruditos en el tema eran algunos sofistas que utilizaban ese conocimiento para comerciar con los más altos mandos del poder, y otros que degeneraron el verdadero propósito de la astrología, lo cual quito importancia y prestigio a la ciencia que otrora fuera la madre de las demás.
Tanto las diferentes constelaciones de estrellas como también los planetas del sistema solar, y sin duda nuestro astro rey, el Sol, tienen un papel preponderante en la psicología de todos nosotros y en el comportamiento de la vida en general de todo ser vivo.
A nivel macro cósmico las diferentes constelaciones del cinturón zodiacal, compuesto por las constelaciones de Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Libra, Virgo, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, influencian directamente nuestro sistema solar.
Nuestro sistema solar, Ors, orbita alrededor del centro de la galaxia compuesto por un enorme agujero negro y millares de estrellas.
Cada orbita completa de nuestro sistema solar, dura aproximadamente 25 mil años, pasando por las cuatro estaciones siderales, o cuatro edades, hierro, bronce plata y oro, durando cada una aproximadamente 6200 años.

astros
Al avanzar nuestro sistema solar por su órbita, avanza a través de las 12 constelaciones zodiacales, determinando así, las eras. Una era tiene aprox. 2100 años de duración, caracterizada por la influencia de la constelación dominante.
Entre la década del 60 y el año 2000, nuestro sistema solar ingreso en la era de acuario, entrando en un nuevo amanecer galáctico, una nueva primavera. La era de acuario de caracteriza por la enorme cantidad de energía que llega a nuestro sol y de ahí a los planetas que lo orbitan, entre ellos, la Tierra. La energía recibida en esta era trae enormes cambios psicológicos y por consecuencia de comportamiento en la humanidad que la transita ya que este signo es totalmente revolucionario, y de esa manera influye en nosotros. A la vista están los cambios producidos a partir de la década del 60: revolución femenina, new age, hippie, y revoluciones armadas en muchas partes del mundo. Las personas comienzan a sentir la necesidad de terminar con las estructuras establecidas, dogmatismos e imposiciones, para generar su propio centro de gravedad.
Tal como enseño el gran maestro Egipcio, Ibis de Thot, también conocido como Hermes en Grecia, así como es arriba es abajo, y al igual que sucede a nivel macro cósmico, a nivel micro cósmico también nos vemos influidos por las energías calóricas, lumínicas y electromagnéticas de los astros y constelaciones, y el momento de nuestro nacimiento es el acontecimiento puntual en el que recibimos el sello psíquico de los astros, que van a determinar, gran parte de nuestras características psicológicas. Las partículas sub atómicas provenientes de los diferentes cuerpos celestes atraviesan todo el tiempo nuestra materia física y cuando se produce un nacimiento y el recién nacido inhala por primera vez ingresa a su cuerpo una masa de aire cargado de energía electromagnética polarizada por la situación astrológica especifica de ese momento único. Nuestra mente de ese modo, y el antes mencionado, recibe un sello como habíamos dicho, que algunas teorías sostienen, sería el mapa de características del alma que ingresa, con capacidades y falencias que tendrían que ver con el aprendizaje que viene a realizar. Otras teorías sostienen que simplemente se trata de la suerte o desgracia del recién nacido, el tipo de influencia astrológica recibida.
En la medida en que cada sujeto haga un estudio de las influencias astrológicas que lo sellaron al nacer, se va a tener herramientas para sacar el mayor provecho de sus cualidades y virtudes innatas como también conocer falencias y debilidades propias con el fin de aceptarlas y trascenderlas para encontrar equilibrio en nuestra vida.

Posiciones:

La posición del Sol en el momento de nacimiento determina el signo zodiacal que nos rige, y el planeta regente de cada signo nos va a brindar todas sus cualidades, positivas y negativas.
La posición de la Luna en el momento de nacimiento, influirá en nuestra manera de sentir. Siempre en función de la constelación en la cual se encuentre al momento de nuestro nacimiento. La constelación que se encontraba al este en el momento del nacimiento determinara el ascendente, que nos va a influir en nuestra manera de relacionarnos con el entorno, y en el modo en que los demás nos ven.
La posición de Venus en el momento de nuestro nacimiento determinara nuestra manera de amar.
La posición de Mercurio determinará la manera de pensar, el intelecto, el modo de aprender y enseñar.
La posición de Marte, la manera de enfrentar la vida, coraje, miedo, timidez etc.
La posición de Júpiter determinara el sentido de expansión, capacidad, liderazgo, optimismo y espiritualidad.
La posición de Saturno, la responsabilidad.
Plutón, representa el subconsciente e inconsciente y se relaciona con la regeneración y la transformación. Rige la parte oscura de nuestra psicología e impulsa a enfrentarnos a ella, a mirar el lado oscuro de la luna. Nos pone pruebas para sacar y conocer aquello que está dentro, para regenerarnos. Este planeta tarda 20 años en atravesar una constelación (signo zodiacal).
Neptuno representa la humildad, caridad e idealismo.
Urano representa la capacidad de independencia, de ir más allá de las reglas de la familia y sociedad, para llegar a ser individuos que expresen lo que realmente son. Se asocia con ideales de verdad y justicia. Todo lo progresista que se enfrente a lo establecido.
Cada uno de estos planetas en el momento del nacimiento se encuentra atravesando una constelación, la cual influirá de modo determinante la característica de cada planeta.
Por ejemplo, si la Luna estaba en el signo de Sagitario al momento de nacer, esa persona en su vida, sentirá (sus emociones) de acuerdo a las características de Sagitario, el cual la influirá siendo poco apegada emocionalmente, con emociones intensas ya que sagitario es un signo de fuego etc.
La posición de cada planeta se calcula mediante una carta natal, que puede realizarse gratis por internet con el día hora y lugar de nacimiento.

 

Pensamiento Mágico, niños y rituales…

 

 

Pensamiento Mágico, un poco de historia..

Ríos de tinta han corrido en torno a este tema, interpretado por muchas ciencias y pseudociencias de diferente manera. El Pensamiento Mágico viene a representar el estado más primitivo del pensamiento. Surge como necesidad para dar respuesta a la incognoscibilidad de las causas que dan origen a los distintos fenómenos que se producen en la naturaleza exterior, e interior, (o mejor dicho a las manifestaciones inconscientes).

La historia del desarrollo del pensamiento determina que lo mágico toma cuerpo en el hombre cuando se da cuenta que las fuerzas de la naturaleza son más poderosas que él mismo. Surge cuando aún no poseía la inteligencia para comprender y ejercer dominio sobre las fuerzas de la misma. En buena medida, es la primera reacción o toma de conciencia del hombre, no tan sólo respecto de los fenómenos materiales que se operan en la naturaleza, sino que también como sistema de auto reafirmación para darle sentido y conformidad a su vida mortal e insignificante ante la temporalidad. En su esencia, la magia es una de las formas de la religión primitiva que se traduce en un conjunto de ritos que tienen por objeto influir sobre las personas, animales y espíritus, para obtener determinados resultados. En lo fundamental, la magia se basa en la creencia de que existe una conexión sobrenatural entre el hombre y el mundo que le circunda. La magia opera a través de un conjunto de actos (llaves de alineación) por los que un agente socialmente calificado para la manipulación ritual se relaciona con lo sagrado para atender las peticiones de sus clientes. Es una técnica que se aprende con conocimientos tomados de la tradición y tiene fines utilitarios. Puede ser magia blanca, si tiene por fin el bien o la protección, y negra, para hacer el mal.
A partir de estas distinciones podemos decir que los pensamientos más primitivos corresponden a aquellos estados en los cuales el hombre todavía no había logrado ni sus medios de defensa ni sus medios de explotación del mundo exterior. Por ello, el hombre se siente amenazado y se da cuenta de que depende no sólo de sus propios recursos, sino también de fuerzas que lo superan y lo rodean. Naturalmente, el hombre les asigna un carácter impenetrable, un carácter de misterio, y trata de suscitar fuerzas que trasciendan sus propias posibilidades. La magia se presenta como una actitud empírica que muestra una fe en lo incognoscible y en lo impenetrable cuya práctica se maneja a través de ritos, los que sobrevivirán y se incorporarán en las religiones modernas ulteriores, dando origen a los primeros arquetipos religiosos del inconsciente colectivo: “la virgen” representando la fecundidad, el falo representando la potencia, la luz representando el conocimiento y las bestias antropomorfas (demonios) representando los miedos.
En las diferentes etapas del desarrollo de un ser humano “moderno”, se atraviesa por diferentes estadios evolutivos, en base al estímulo exterior, protección y alimentación para lograr un equilibrado desarrollo físico y cognitivo.

PIAGET, JEAN (1896-1980): etapa pre operacional (2-7 años) en la que el pensamiento del niño es mágico y egocéntrico, creen que la magia puede producir acontecimientos y los cuentos de hadas les resultan atrayentes, además se cree el centro de todos los sucesos, que todas las cosas giran en torno a él, resultándole muy difícil ver las cosas desde otro punto de vista.
“El niño llora y mama aparece”
En esta etapa que describe Piaget, nuestra mente absorbe como una esponja lo que se nos diga, y vea en el entorno, tornándose como verdad absoluta.
Nuestro desarrollo fisico y cognitivo avanza, y esa etapa queda atrás, pero existe una dificultad: esta es una etapa fundamental ya que es cuando se desarrolla el súper yo (conjunto de normas morales, éticas, mandatos familiares etc.), que regirá el resto de nuestra vida, diciéndole al yo lo que puede y lo que no, y reprimiendo al inconsciente en lo que pasa a la consciencia y lo que no…. O mejor dicho, perpetuando aquella voz de los padres y entorno, para recordar de lo que somos capaces y lo que no. Claro, esto es el gran problema, ya que con que objetividad puede otro decidir que se puede y que no potencialmente? En el inconsciente el tiempo no existe, por lo tanto en él, convive el que fuimos hace 5 minutos con el que fuimos hace tres años, con el que fuimos en la adolescencia, y también claro, el que fuimos de niños… aquel niño con pensamiento mágico.. Aquel maravilloso niño con todo el potencial por desarrollar, y un inconsciente dispuesto a pulsional (impulsar) en favor de los deseos de un yo comenzando a desarrollarse. No está en discusión la enorme importancia del súper yo, claro… ya que sin el seriamos psicóticos… pero sí es importante poner en relieve, la gran necesidad de comprender que aquel niño con pensamiento mágico habita en nosotros, aquel niñ@ herido, aplastado, tiene el poder de la magia, o sea, si él lo acepta el inconsciente “moviliza” las fichas necesarias para que se logre.
Nuestro hemisferio cerebral derecho, relacionado con el aspecto artístico, expresivo, no racional, sino mágico, es igual de importante que el izquierdo, solo que desde el siglo XVll con el cogito cartesiano, todo cambio… y todavía sigue así, por lo menos en el mundo occidental, del cual formamos parte, queramos o no.
Poder llegar a ese niño y movilizarlo, convencerlo, resulta fundamental, a la hora de generar cambios significativos en nuestra vida.
Los actos mágicos impactan directamente sobre ese niño interior, el que todos tenemos dentro, siempre en base al tipo de sugestionabilidad del súper yo, y creencias del sujeto en general, pudiendo modificar, gracias a este “gran otro” (en este caso, el mago, el ritual o conjuro) determinados esquemas de pensamiento limitantes respecto de sí mismo o su entorno que no lo deja ser… Por ejemplo: “el dinero se gana solo con mucho esfuerzo”, o “ para triunfar hay que ser corrupto” o “ todos las hijas menores de esta familia de enferman luego de tener su primer hijo” o “ yo no sirvo para estudiar” o “soy un cobarde”, o “para ser buen@s hay que dar todo”, etc. etc. etc… nombres, y etiquetas puestas por personas influyentes en nuestra niñez y afirmada posteriormente por personas similares, ya que por una cuestión de instinto, buscamos relacionarnos con personas que nos ayuden a sostener esos esquemas, aunque parezca una locura… (y lo es). Detrás de eso está en juego, el miedo al abandono, a no sentirse amad@ etc, ya que quienes nos condicionaron fueron quienes nos criaron y educaron, y mal o bien fueron quienes ayudaron a que sigamos vivos, y eso pesa mucho en nuestro aparato psíquico a la hora de relacionarnos con nuevas personas, ya que creemos inconscientemente que si tienen rasgos similares a los de quienes “formaron” nuestro súper yo, seguiremos vivos, ya que gracias a los primeros, aquí estamos.
Claro, al comprenderlo y hacer algo al respecto, las estructuras cambian, El Niño oye.